19 de mayo de 2010

REPORTAJE

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Recordando a un pintor peraliego


No sé si será el mejor lugar, quizá tampoco la mejor época, sí con seguridad de que la situación fue la merecida y es que nace en la provincia Andrés García Prieto un pintor burgalés, que pudo expresar su pasión al arte por una curiosa situación en la vida y gracias a la hospitalidad de sus padres. Apenas queda documentación de él, mucha destruida o pérdida por sus idas y venidas, pero todavía queda gente que le recuerda por su espíritu o por su alucinante forma de pintar. Murió sin descendencia y fuera de su pueblo natal, pero Andrés García Cubillo sobrino del pintor nos ayuda a recordar porqué le llamaron así, para recordar a aquel genio.

En España, bajo el reinado de Isabel II, en un pueblecito de la provincia de Burgos, donde el Arlanza finaliza su recorrido para juntarse con el Pisuerga en el pueblo más cercano. Nace, un 29 de abril de 1846, Andrés García Prieto, en una familia de labradores adinerados. Durante su infancia no pudo ayudar a la familia en el trabajo del campo, por sufrir un accidente “estaba curioseando una pistola cuando se le disparó en la pierna”, comenta el señor García Cubillo, descendiente de la familia. Ya era mayor para aquella época, cuando Andrés seguía en el pueblo ayudando en lo que podía y tratando de recuperarse, algo que finalmente consiguió. Sus padres ayudaban aportando ingresos con la disposición de su casa como mesón y hotel. Allí Andrés muchos días dibujaba planos, bocetos, dibujos,... Hasta que unos ingenieros, que se hospedaban en su casa y que fueron a realizar el puente del pueblo, vieron que aquel jovencillo, todavía, derrochaba arte por sus manos y animaron a él y a su familia a que el chico viajará a la capital española para presentar sus habilidades al mundo, aunque su afición por la pintura estuvo marcada desde la infancia.

Con una edad avanzada para entonces, Andrés partía hacía Madrid dando sus primeras clases en 1875. Logró calificaciones de sobresaliente, algo que calificaba al burgalés como un excelente pintor por sus cualidades. “Andrés siempre vivió muy bien por el dinero que ganaba pintando cuadros para particulares y como lo hacía bien sacaba bastante para vivir sólo de ello”, explica su familiar. Y es que García Prieto no es un pintor que destaque por su fama, pero en su primeros años de carrera como artista realizó varias Exposiciones Nacionales que le llevaron a conocer a otros grandes pintores de su época y a expandirse en el mundo del arte.

Después de superar con calificaciones excelentes la Escuela de Madrid, Andrés viaja a Roma a la Academia Española. Pero para ello solicita a la Diputación Provincial de Burgos una subvención de una cantidad que se desconoce y que varía según la fuente de consulta. “Yo nunca conocí a Andrés pero mi familia siempre contaba halagos de él”, reitera su sobrino. Tras la aprobación de esta beca, según se dice la primera que dio, entre tantas la Diputación, Andrés regaló un cuadro del Rey Alfonso XII, como muestra de agradecimiento.

Tras las excelentes notas obtenidas en la carrera, Andrés consiguió más financiación para sus estudios, así como diferentes premios, por destacar como un grandísimo artista. Tras finalizar sus estudios, quiso seguirlos en Roma lo que pidió que se le aumentará la cuantía de la beca a la Diputación. Con pequeñas ayudas y premios que Andrés iba obteniendo pudo conseguir unos estudios que pocos podrían presumir de pagarse.

“Andrés siempre que regresaba de sus viajes se pasaba por Peral y dejaba muchos cuadros, bocetos, premios, libros; muchos de ellos han desaparecido porque familia de él nunca valoró nada”, comenta el señor García Cubillo. Pero su simpática generosidad por reconocimiento de su arte hizo que Andrés siguiera gozando de ayudas para continuar sus estudios. Sus continuados viajes a Peral dejan una colección muy grande repartida entre los descendientes de la familia aunque otros muchos desaparecidos, “se han roto cuadros para hacerlos de balón, se han utilizados libros, como tacos para sujetar mesas y camas y se han quemado libros para calentar la casa, toda una pena”, aclara Andrés García Cubillo con congoja.

Tras su paso por Roma, Andrés decide ir a la cumbre del arte, Venecia donde multitud de artistas residían. Andrés quedó enamorado de esta ciudad de la cuál decía “es tal la maravilla de estos rincones que uno no sabe cuál elegir y cuál pintar”.

Más tarde las ayudas de la Diputación dejaron de llegar a su bolsillo. Tras vivir de su actividad artística durante un tiempo, García Prieto decide dejar Venecia por una enfermedad y quedarse definitivamente en Santander. Se dice que aquella tierra le despejaba del clima italiano del que había vivido, aunque se desconoce porque se quedó, ya que tenía tierras que controlar en la comarca del Arlanza. Allí comenzó a gastar todo el dinero ganado durante su vida. Se sabe que compro terrenos, financió proyectos que luego no salieron bien, etc.

Su acomodada vida le permitió contar con el servicio de varias sirvientas la última Virginia, que nadie cercano a la familia llegó a conocer, ni después de su muerte. Pero de la cual se conoce que se llevaba muy bien con el pintor y a la que dejó multitud de obras en herencia.

De su vida personal se sabe poco, sin descendencia, ni casado, quizá por su tardía incorporación a su trabajo de pintor y al no parar de ajetreada vida. Andrés invirtió su dinero en proyectos en los que pensaba sacar rentabilidad. También ayudaba a familias necesitadas, y se sabe que dio clases a una niñas por amistad con un médico de un pueblo cántabro. Conforme iba ganado dinero, Andrés se compró una casa en Peral de Arlanza, la cual cuidaba desde Santander y la que hoy es la tienda de ultramarinos de este pequeño pueblo burgalés.

Su pueblo natal lo ha recordado siempre y es que Andrés ha dejado huella en la historia. En la casa dónde nació cuelga una placa que dice “Aquí nació Andrés García Prieto insigne peraliego y destacado pintor”. Así como las exposiciones celebradas en el pueblo en su nombre. Varios escritores españoles le han descrito entre los pintores más destacados de Castilla y León del siglo XX. El libro Andrés García Prieto de profesión pintor, cuenta toda su vida y trayectoria profesional, y enseña su pinacoteca que se conoce de él actualmente. Un recorrido por los capítulos de su vida que se consiguió en parte a la participación de familiares y a la publicación por la Diputación de Burgos. No se conocen fotografías de él, sólo un autorretrato el cual conserva un descendiente de la familia. “Todavía tengo en el desván de mi casa, cuadros sin terminar de Andrés”, nos comenta García Cubillo, tras preguntarle que recuerdos físicos del pintor.

“En Burgos se encuentran muchos cuadros, especialmente famosos, pero hay repartidos por toda la península e incluso en el extranjero. Andrés fue un hombre que viajó mucho, las familias se separan, hay otros que no se sabe ni su paradero”, nos comentó Andrés García Cubillo cuando hablamos de la obra pictórica del artista. De toda su trayectoria artística se recuerdan cuadros como el duplicado de Los Borrachos de Velázquez y la Jura de Santa Gadea, que el pintor aceptaba de su copia pero calificaba de complicadas. La Tarantella es otra obra importante del pintor, actualmente se encuentra en el Museo de Burgos, en ella dos jóvenes danzan el popular baile, en una escena costumbrista, algo muy común en los cuadros del pintor. Además en Peral se conservan diferentes obras, del mismo, con índole religiosa. Se sabe que aparte de Peral de Arlanza, Andrés donó numerosas obras a instituciones religiosas. Considerado buen cristiano y practicante, perteneció a entidades como las Conferencias de San Vicente de Paúl. Sus ideas políticas, son algo de lo que también se estaba al tanto en aquella época y es que el pintor defendía la monarquía carlista, además se tiene constancia de que mantuvo amistad con D. Jaime de Borbón y Borbón, de quién hizo un retrato, hoy en paradero desconocido.

En su trayectoria Andrés tocó diferentes estilos pictóricos. El realismo, fue de los primeros y que se hace notar en su primera etapa como pintor, más tarde sigue en una línea realista pero adoptando pequeñas pinceladas del impresionismo, estilo en el profundizará más adelante. También entró en contacto con el vanguardismo en plena etapa en Madrid, pero no lo adoptó a sus obras.

Andrés era un hombre de caprichos y es que entre anécdotas de su vida, se cuenta desde que se instaló en Santander compraba vino de la zona del Arlanza de unas diez mil cántaras (unos dieciséis mil litros) a principios de año. También se le recuerda como un hombre que disfrutaba paseando por las tierras con escopeta en mano y de las que luego disfrutaba con grandes comilonas de platos de caza.

Se le calificaba de buen tragador, algo que dejo secuelas y que finalmente terminó con su vida. “Si se hubiese cuidado más, posiblemente lo hubiese conocido aunque de mayor, era un hombre que le encantaba comer”, afirma su sobrino. Tras ser enterrado en la capital cántabra se le recuerda como el artista burgalés que un día salió de su pueblecito para convertirse en un gran artista, algo difícil de conseguir en aquella época. Aunque sí reconocido en el mundo del arte, son muchos los que no le conocen. Pero sin embargo su familia le considera de buena persona y no bueno en su trabajo sino el mejor. Y es que en el mundo del arte se le ha calificado como uno de los mejores pintores de los últimos cien años, que aunque no participó en numerosas exposiciones si lo hizo en alguna de la que fue incluso premiado con medalla de plata y su fama se reconoce hoy por ello.

La falta de documentos sobre el pintor no hace fácil la búsqueda de su vida, pero se sabe que este buen artista ha crecido en los corazones de sus burgaleses y especialmente peraliegos. “Mi familia seguirá recordándole” afirma su sobrino con una sonrisa en la boca. En 2015 será el centenario de su muerte de la que se espera que la ciudad y especialmente el pueblo burgalés conmemoren al artista.

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